CharlaDemo
Alonso Astroza Tagle
Subdirector de Vinculación con la Industria · Instituto de Data Science, Universidad del Desarrollo
Soy subdirector de Vinculación con la Industria del Instituto de Data Science de la Universidad del Desarrollo y embajador oficial de Codex (OpenAI) en Chile. Soy fundador de IADevs, una comunidad de profesionales del software que construyen sistemas con inteligencia artificial. También lidero Codex para Todos, donde enseño a estudiantes, desarrolladores, profesionales de datos y trabajadores no técnicos a usar agentes de IA en flujos de trabajo reales.
En el programa
La IA sale del chat: agentes que usan tu computador
Estamos acostumbrados a que la IA viva en un chat: le escribes, te responde. En esta demo la veremos salir de ahí. Un agente (Codex) va a operar mi computador en vivo: abrir aplicaciones, navegar menús, hacer clic, escribir y verificar, mientras yo sigo usando el resto del sistema. El flujo parte con herramientas estructuradas (plugins, MCP) haciendo el trabajo rápido, hasta llegar a un paso que ninguna API cubre. Ahí el agente toma el mouse y lo resuelve mirando la pantalla, igual que una persona. Lo que conviene observar: el ciclo de mirar, decidir, actuar y verificar; los permisos que pide antes de tocar cada app; y qué tan lento y honesto es el proceso cuando se ve sin editar.
Nadie va a usar tu app — Y aun así puede ser lo más importante que construyas
«¿Y quién lo va a usar?» Es una de esas preguntas que suenan tan sensatas que pueden hacernos abandonar una idea antes de ponerla a prueba. Durante décadas, construir software exigía mercado, escala y retorno. Hoy su costo cayó, pero nuestros criterios no cambiaron al mismo ritmo. Voy a contar cómo construí una app para una sola usuaria, sin intención de conseguir la segunda. Ninguna startup la habría desarrollado ni ningún inversionista la habría financiado. Pero cuando ella la usó, el producto ya había hecho todo lo que yo esperaba. Era software como acto de cuidado: hecho para una persona concreta y una necesidad que conocía íntimamente. Una aplicación también puede parecerse a una comida casera: su valor viene de conocer exactamente a quién tienes sentado a la mesa. Después empecé a encontrar esta lógica en otros lugares: software demasiado pequeño, específico o breve para convertirse en producto, pero lo bastante valioso como para construirlo. ¿Para quién vale la pena hacerlo?